¿Cómo se hace?

3 de marzo de 2015

Mark Lanegan - Field Songs (2001)




La pucha que va a ser corto este post. No, no es un afano de post. Nada se me ocurre para discurrir, solo lanzar un homenaje al infierno para darle las gracias a Sastre por mantener vivo durante más de 5 años este espacio hedonista y cabrón que hemos dado en llamar: Sacudiendo la Colina.... ensimismada...
De más está decirle al habitúe de estos pagos, que un servidor se ausentaba muy a menudo y de más está decir, que quien cubría esos espacios no era otro que el existencialista de ropero Jin Pol Sastre. Siempre poniendo el tiempo que hay que poner para mantener este lugar muchas veces inhóspito, en cuanto a feedback, pero que con tanta paciencia y mucha más onda, el muchacho deja en pie, vivito y coleando. Claro que es una jornada triste, pero a su vez es bueno saber que dejar algo no significa dejar todo, que algo surgirá de la mente de ese personaje del sombrero que está aquí arribaalaizquierda. Por eso quien escribe sabe que luego de la tormenta sale el sol y en el medio un rainbow. Y por lo tanto, algo bueno saldrá de lo próximo que haga Sastre. Este bloguito pensado en cierta noche diagonal, siempre fue, es y será suyo. Así que alentémoslo desde aquí y que le llegue el grito de Goodspeed you, my friend!...
Por lo que a mí respecta, acá andaré intentando llevar esto adelante, sin siquiera pensar que voy a llenar un espacio que no me corresponde (el de Sastre). Ténganme paciencia, sugieran cosas, comenten, nopreguntencuáleselpassqueessiempreelmismo, discutan (con seriedad y respeto) y si alguien tiene un algo que agregar, me lo hace saber y lo sopesamos.
En fin, Mark Lanegan, el gran cantante de pasado voluminoso. El que puede rockear, hacerte mover la patita como pocos, emocionarte como si de algo muy simple se tratara, oscurecerse como pocos crooners y dejarte pensando como los elegidos. “Field Songs” son doce canciones, una mejor que otras. Ya desde el comienzo, nos da un mazazo con la enorme, genial, hermosa “One Way Street” (Oh the glorious sound / Of the one way street / And you can't get / Can't get it down without crying), para citar solo un tema. De la partida son Mike Johnson (toca solo, tocó con Queens Of The Stone Age, Dinosario Jr., etc), Ben Sheperd (bajista de Soundgarden, gente), Duff McKagan (Velvet Revolver, Gun’s N’ Roses) y la ex esposa de Mark, también cantante, Wendy Rae Fowler. También hace una aparición (She Done Too Much) el productor de muchísimas bandas, Chris Goss. Hasta ahí los datos wiki, lo demás es música que roza lo acústico, se electrifica por momentos, pero pesa el intimismo por sobre otra cosa. La emoción es la carta que elige jugar Lanegan a la hora de cantar, limpito a veces, con su rasposidad a la Waits en otras ocasiones. Y siempre cumple, con creces. Por momentos, la tristeza se hace patente: “Pill Hill Serenade”; sad, sad, sad. Hay influencias del medio oriente, canciones geniales (todas, bueno, nombro una: “Don’t Forget Me”). A veces, cuando escucho este disco me parece ver sobrevolar el espíritu de Jeff (sin la voz de barítono de Buckley, claro), especialmente en “Resurrection Song”: “I know that sleep walking too / In trying to be free / Of all this damage in my eyes / Making confusion in my mind / When I hear a resurrection song.” Y así, podríamos seguir un rato más hasta abarcar todo el disco. Porque es un gran disco, de principio a fin. Otro gran álbum del que nos hizo rockear con Screaming Trees, quien hizo maravillas con Josh en Queens of the... y quien destila elegancia, buenas canciones, tristeza, rotez y demases en sus discos solistas: Mark Lanegan. Y todavía me pregunto cómo mierda (ups) no había posteado nada de este señor, y tampoco nada con Isobel Campbell, ejem, bueh, sepan disculpar, de a poco, paso a paso. La colina sigue en pie, gracias a Sastre, sepanló (¿?).
Y así, a lo último vuelvo sobre lo mismo, porque la vida es una calle de un sentido (¿?); dedicar este post/disco a Sastre y dejar en claro el eterno agradecimiento que tiene Buffoon por el paso (enorme paso) por este blog que tuvo dicha persona. Esperemos que algún día vuelva, en forma de fichas, en otro emprendimiento hermano de éste, etc. Lo cierto es que podemos estar tristes, pero alegrarnos por una sola cosa: Sastre no puede alejarse mucho de la música, algo va a hacer para regocijo de uds y de un servidor. Por ello, será hasta luego, camaradas, por aquí los espero. Y como siempre decirnos y le afanamos al uruguayo: simplemente, gracias, J.P. Sastre, gracias por el fuego. Snif.

Tracks:

01. One Way Street - 04:18
02. No Easy Action - 04:01
03. Miracle - 01:58
04. Pill Hill Serenade - 03:27
05. Don't Forget Me - 03:13
06. Kimiko's Dream House - 05:26
07. Resurrection Song - 03:33
08. Field Song - 02:19
09. Low - 03:13
10. Blues for D - 03:36
11. She Done Too Much - 01:28
12. Fix - 05:47

Compresión: CBR 320 Kbps
Tamaño:95,9 MB
Pass: somospacifistas
Lo dicho, un camino de ida, !temazo!: Mark Lanegan - One Way Street (vivo)

Opción 1

Opción 2

20 de febrero de 2015

Sonny Rollins - The Bridge (1962)


You know what my nightmare is? That I'll stay in Amal. That I'll never move from here. I'll get kids, a car, a house... all of that. Then my husband will leave for someone younger and I'll be stuck with kids that just scream and nag. It's so fucking meaningless. "Soltar todo y largarse, que maravilla" decía el cubano aquel hace 20 años y algo de razón tiene porque no debe haber fantasía más recurrente en la vida de toda persona de bien que la de tomarse el palo. Ya sea desde el imaginario adolescente y peterpantesco de "voy a poner a un bar en la costa", con su versión jipi de irse con una manta al Perú a vender artesanías o largar todo al cuerno y gastarse de manera más complaciente con uno el tiempo que nos da la vida. El mundo condena a los que se van, a los que renuncian, a los que cristalizan sus fantasías houdínicas. Porque nunca dicen que por ahí el quia sentía que su vida ya no estaba buena y que decidió buscar otra forma. No, el que se va es aquel que deja, que abandona, que tira por la borda. Porque, finalmente, lo que se critica es que se dejen "cosas", así, vagamente, ¿cómo vas a desperdiciar cosas? ¿no sabés que costaron? ¿qué vas a arruinar tu vida dejando esto o aquello?. Pero viejo, si el tipo no está bien, dejenlo marchar, que disfrute los triunfos y lloriquée los fracasos pero que los sienta propios, que le anuden el estómago, que le exploten las ansiedades, que alucine, que se reencuentre, que reviva. Estamos hablando de Sonny Rollins, si, pero también de que me voy de esto; acá termina mi participación en esta Colina musical, hermosa y algo cabrona que hace cinco años y algo armamos con Buffoon. En estos casos el riesgo de la cursilería es inversamente proporcional al interés del lector, por ello nada más decir lo de siempre; en estos 2040 días no hubo uno de ellos, siquiera uno, en que no pensara en este lugar. Y eso ya es más de lo que puedo decir de todo lo que alguna vez me rodeó.
Theodore Walter Rollins nació en el año inaugural de la década infame, el 2474 del calendario budista, el cuatr...bueno ya, 1930. La ciudad que vio crecer a aquel niño negro no era otra que la Nueva York post crack bursatil, así que todavía estarían con una espatulita en el asfalto despegando pedazos de corredores de bolsa. Disculpen la imagen, pero es la verdad y si no pueden con ella voy a tener que citar a los Simpsons citando una película y ninguno de nosotros quiere eso, parafrasear a Los Simpsons ya pasó. Vivir en una metrópoli te da y te quita. De repente no sabés lo que es correr en un campo lleno de plantitas de manzanilla; les aseguro que hacer eso en la infancia es algo zarpado, es un desafío a la naturaleza, una celebración de la pequeñez de las cosas. Pero, pese a esta experiencia trunca, en la ciudad las posibilidades de que te regalen un Saxofón son muchas más que si sos un semisalvaje revoleando los tobillos entre florcitas. Sonny lo tuvo en su menos tierna infancia, a las puertas de la pubertad, pero nunca más se separaría de él, ni siquiera cuando se separó de todos. No hablamos del mismo saxofón toda la vida, sino del instrumento como ente, claro está. El resto es más o menos lo de siempre en esta gente de talento. Un día escuchó a uno que cantaba y pensó que él quería ser músico. Otro día le hicieron un contrato de una discográfica y finalmente lo llamaron Miles Davis, Thelonius Monk o Charlie Parker para que toque con ellos hasta que se pasó de fafafa y después volvió a tocar como si nada, todo muy normal. Pero hay algo en la vida de Rollins que lo diferencia un poco.
En 1959 el hombre del saxofón tenor estaba harto. De su popularidad, de su música, de su vida, quien sabe. Así que tomó la decisión de irse al multicultural Lower East Side de Manhattan y ensayar en su apartamento lejos de todo. Pero todo no era todo, porque la vecina le dijo que piolísima la música pero su prole tenía que dormir y Rollins tomó nota de ello, se fue a caminar y se encontró con el Williamsburg Bridge, y con el puente venía la nada misma; no había nadie cerca, no había mujeres con niños durmiendo, nada de nada, el lugar perfecto para reencontrarse. Casi tres años estuvo Sonny dándole a la musiquita abajo de aquel puente; ni el frío ni el calor ni el hecho de ser un músico de renombre le impidieron ¿practicar? ¿tocar? una cantidad considerable de horas diarias. Para 1962 todos sus fantasmas parecían haber desaparecido y una nueva senda musical se le aparecía frente a sus ojos. Volvió a los estudios, recortó un miembro como Lorena Bobbit y formó un cuarteto con Ben Riley en batería, Bob Cranshaw al bajo y el amigo de la casa Jim Hall en guitarra, plus Rollins en saxofón, claro. Como notarán los más pillos, el piano estaba ausente y la originalidad para el nombre del disco también: "The Bridge".
Seis canciones, cuatro standards y dos propias ("John S." y "The Bridge") compusieron una placa cuyo mayor valor son los escarceos amorosos entre la guitarra de Hall y el saxofón de Rollins. Pero -El Puente- también tiene dos características más: Por un lado, como tantos de nosotros, envejeció un fenómeno. Porque el tiempo le quitó la expectativa del retorno, lo despojó de ilusiones y no dejó más que seis lindísimas canciones de jazz que se tocan con trompita y gafas negras. Por otro lado y paradojicamente, saber la historia del muchacho, imaginar la escenografía donde estuvo día tras día y noche tras noche tocando sus canciones nos empuja a ese lugar, lo espeso del aire nocturno, las malas vidas circulando en la oscuridad y los acordes de cualquiera de estas canciones y estamos ahí... es la magia de esto ¿no?, el compartir con ocasionales lo que la música nos hace sentir, lo que nos aparece en la cabeza cuando escuchamos, los lugares a los que nos lleva. Y fueron cinco años y medio de esto y no puedo menos que dar las gracias, yo JP Sastre, a Buffoon, a quienes entendieron de que iba todo esto y a esta Colina musical, hermosa y algo cabrona por sacudirse al ritmo de la genialidad de una pila de gentes y sacar de mi cosas piolísimas con ello. Albricias.

Tracks:

01. Without a Song – 7:28
02. Where Are You? – 5:10
03. John S. – 7:45
04. The Bridge – 5:58
05. God Bless the Child – 7:29
06. You Do Something to Me – 6:49

Compresión: CBR 320 Kbps
Tamaño: 108 MB
Pass: somospacifistas
VaSerTanLindoHacerUnPuentee:  The Bridge (Live)

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5 de febrero de 2015

Invisible - Durazno Sangrando (1975)



"Este concierto se lo dedicamos a todos los marginados y alienados del mundo, porque cada vez se comprueba más que, en el futuro, serán ellos los que van a regir la raza humana."                           

          Luis Alberto Spinetta, Canal 11, 2 de enero de 1976; citado en Berti, Eduardo (1988). "Spinetta: crónica e iluminaciones."

La nada y el todo se conjugan en este lugar para escaparle a la violencia. Nada mejor que el todo para explicar lo bueno de pensar un rato en la nada. Y así, diciendo pavadas pero meditando fuertemente en que debemos escaparle a la estupidez, buscamos contemplar algo que nos saque del enojo constante. ¿Cómo hacer frente a todo eso que te da asco?. Simple: conjuramos al Flaco.
O sea, sean bienvenidos una vez más a este círculo de meditación pagano, a este centro de contemplación constante de los más variados estilos rockeriles (y no tanto)… Sean uds. bienvenidos a este lugar (casi) sin tiempo y fuera de todo espacio a este no-lugar que hemos dado en llamar (con Jin Pol Sastre)… Sacudiendo la Colina… sangrante!!..
Y si digo que conjuremos a esa fuerza indomable, eléctrica y ecléctica que es Luis Alberto Spinetta, es porque algo importante va a ocurrir. U ocurrió en 1975 cuando el Flaco sacó este “Durazno Sangrante”. Qué decir de este prodigio musical de 5 canciones progresivas, largas, exquisitas. Imposible hacerle justicia a semejante exponente del rock “nacional”. No quiero irme para el lado de la inspiración que tuvo L.A. Spinetta a la hora de componer “Durazno…”, esa que cuenta que se basó en un libro de meditación taoísta, eso lo pueden buscar ustedes mismos. Lo que puedo decir es que este disco produce un algo parecido a la serenidad en quien sabe escuchar atentamente música. Es bueno, y no me canso de repetirlo, poder recurrir a un disco que den ganas de sentarse y escucharlo en su totalidad. Porque si algo que nos hace falta y perdemos más a menudo es el tiempo. Y qué mejor que dejarse llevar por genialidades como “durazno sangrando” (el tema): “Pasó cierto tiempo en el mismo lugar / Hasta que un buen día se puso a escuchar / Una melodía muy triste del sur / Que así le lloraba desde su interior…”. Cómo evadir la mágica e hipnótica guitarra de “pleamar…” y su: “La noche despide / Su manera arrogante / De mecerse donde quiera”. Es un disco realmente disfrutable en el sentido más literal del verbo disfrutar. No tiene ni un segundo de más, ni de menos. Es pura poesía spinetteana (si eso consideran, ustedes, que existe). Es rock progresivo, es jazz, es rock puro nomás. Es Luis Alberto Spinetta, Pomo Lorenzo y Machi Rufino entendiéndose especialmente bien. Tejiendo canciones en tramas melódicas envolventes y letárgicas. Podría seguir un rato más, pero los privaría de semejante viaje al planeta Spinetta (¿?). Quienes ya saben qué quieren decir todas estas necedades sabe a qué atenerse, en cambio quién todavía no sabe de qué hablo o todavía se resiste al Flaco, no temáis, están a tiempo. Por eso marche este afecto eterno a este disco y en especial a uno de los grandes creadores del rock (a secas). Gracias por el fuego (como siempre decimos y siempre le robamos al uruguayo), gracias Spinetta por “Durazno Sangrando”. Todo aquí, en la Colina… contemplativa.

Nota: pongo dos tapas, porque una es la original y la otra es la "obvia" para los reciéncaídosdelcatre.

Tracks:

01. Encadenado al ánima - 15:36
02. Durazno sangrando - 03:42
03. Pleamar de águilas - 04:22
04. En una lejana playa del animus - 09:57
05. Dios de la adolescencia - 02:48

Compresión: CBR 320 Kbps
Tamaño: 80,4 MB
Pass: somospacifistas
Forever bleeding: Spinetta y las bandas eternas - Durazno Sangrante (live)

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Opción 2

1 de febrero de 2015

The Randy Coven band - Sammy Says Ouch! (1990)


              "Al principio, no había más que niebla.
O tal vez un mar denso en que todo era blanco y mudo. El paisaje de la muerte. Y eso fue precisamente lo que pensó Wallander cuando, muy despacio, comenzó a emerger a la superficie de nuevo: pensó que ya estaba muerto. Había cumplido veintiún años, ni más ni menos. Un agente joven de policía, apenas un adulto. De repente, un extraño se abalanzó sobre él con un cuchillo sin darle tiempo a hacerse a un lado.
              Después, no hubo más que aquella blanca neblina. Y el silencio."

              Henning Mankell,  "la cuchillada" en "La Pirámide" (1999).

De fútbol no hablo… Domingo, y domingo de verano. Febrero pata corta. Parece que seguimos cansados y ya cambiamos de año. Y como quién está medio cansado de las palabras y busca conjurar el silencio, revolvemos en el arcón de los recuerdos, encontramos cosas que ni te imaginás. ¡Qué lindo es revolver entre los discos!.  Muchos sin escuchar hacía mucho tiempo real y más sin escuchar en tiempo mental.
Sea uds bienvenidos una vez más a este delirio alucinado y lisérgico (blog que hemos bautizado con el camarada Sastre, saludenló, che, es el grosso que les responde pacientemente que el pass es…) que hemos dado en llamar: Sacudiendo la Colina!... pentatónica!...
Y ahí agarrás un disco y te acordás de todas las melodías que tiene, etc. Y caés en un fucking bajista, un veterano del mundo del metal, Randy Coven. Este señor tocó con muchas bandas (Vai; Malmsteen; Ark y un largo etc), trajinó muchísimos escenarios y dejó este mundo en mayo del 2014. Fuck. En fin, vamos ahí… Randy Coven es un bajista que viene de una larga tradición musical, anotaba influencias de Zeppelin, The Who, Paul McCarney, Hendrix, Stanley Clarke, entre otros.
Sin embargo, si les pregunto rápido, sin pensar, muy pocos lo tengan en mente. Porque Coven está asociado al metal, al hard rock y a la corriente neoclásica del metal. Pero será en la escuela de Berkeley donde conoce a Steve Vai y comienza una trayectoria muy larga y prolífica. Grabó con muchos y casi todos; como The Randy Coven Band tiene dos discos “Fuck Me Tender” y este “Sammy Says Ouch!” (1990). En “Sammy..” mantiene la banda que luego grabaría como CPR: Randy Coven en bajo, Al Pitrelli en guitarra (viejo conocido de los metaleros por tocar en Savatage y en Megadeth) y John O’Reilly en batería (quien tuvo su paso por Rainbow!).
Así llegamos para ver de qué viene la cosa con este “Sammy Says Ouch”. Para arrancar podemos anotar que es un disco instrumental, corto (38 min), muy ameno y disfrutable. Los discos de esta época pueden parecer que no envejecieron del todo bien, por ello hay que darle una escucha atenta para encontrar el dónde reside el atractivo que nos hace resaltar la trayectoria de un tipo como Coven. La ejecución es perfecta, cuidada, virtuosa, pero así y todo, tiene onda, mucha onda. Coven despliega tappings y arreglos por todos lados, pitrelli hace gala de su rockerismo innato y O’Reilly es una base ajustadísima. Un trío que no necesita muchos minutos para demostrar que respiran música. Como decía el disco es instrumental en su mayor parte, mezcla rock, hard rock, blues, jazz en dosis iguales. Tiene un cover (“Little Wing”) de ya-saben-quién. Además, trae un par de invitados como para amenizar. Si me piden describirlo en pocas palabras, es un disco muy dinámico e intenso, como debería ser un disco instrumental de estos tipos, es un disco para dejar fluir y mover la patita prestando atención a los ires y venires de la ejecución. En fin, para fanas de Vai, de Liquid Tension Experiment y de algunos de los guitarristas fusioneros que andan por estos pagos. Como decía, sin palabras, musical, para homenajear a un grande, sin tanta pelotudez dicha. Acá en la colina… Instrumental y virtuosa.

Tracks:

01. Strange Cat - 02:25
02. Dorian's Song - 03:50
03. Au Private - 03:13
04. Great Necks - 03:14
05. Little Wing - 05:00
06. A Minor Disturbance - 03:30
07. Ouch! - 02:20
08. 10,000 Notes - 04:19
09. Ultra Twist - 02:30
10. Angry - 04:02

Compresión: CBR 320 Kbps
Tamaño: 82,5 MB
Pass: somospacifistas
the 90's!: the Randy Coven Band - Great Necks (live)

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28 de enero de 2015

Ulver - Perdition City (2000)


"Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí".

      Augusto Monterroso, "El dinosaurio", en "Obras completas (y otros cuentos)".

La pelotudez está a la hora del día, iba a ser una cosa y terminó siendo otra, si a alguien le toca un acv informático, a otro se le muere un rígido, sin hacer chistes del rigor mortiis y la pérdida de datos mediante, y le caga mucha música. Nos ponemos tristes, por la pérdida, hacemos duelo, juntamos manguito a manguito para reponer el rígido muerto y de a poco retornamos a donde siempre nos ausentamos (pedir perdón es poco). Gracias al diablo, es bueno tener este lugar para escribir cosas que nadie lee, como feisbuk pero sin tanto pelotudo (clah, saaalllvooo los que piden el pass, je)… En fin, ¿a dónde iba? ¿De dónde venía?... Iba a ser el “flaco”, pero por estos momentos de desasosiego que hacen que uno tenga la misantropía en modo on, viramos hacia a los tumbos hacia rumbos más agrestes, introspectivos, oscuritos…
Cuando cae la noche llegan los acogedores instantes de reflexión. Las noches de invierno son largas, especiales para la vigilia, para el ensimismamiento o para vagar y escaparse de uno mismo; en cambio las de verano, son un asco de cortas, con mosquitos y esas alimañas verdes que rompen los huevos como pocas cosas en esta insoportable existencia (¿?). Escapar de la vida diaria, de la tecnología, de la estupidez que nos hiere y de un largo etcétera. Pero como decía el célebre poeta “si queréis destruir el sistema primero tendrás que entrar en él para comprar el martillo (o parecido) para destruirlo”; nosotros haremos lo obvio y usaremos esa tecnología para escuchar lo que otros tipos hicieron con artilugios electrónicos varios y nos deslumbraron.
De lobos y con los lobos, Ulver (means “wolves” in norwegian), se hace presente por estos pagos trayendo un disco de trip-electronic-ambient-avant garde music. ¿Raro?... ufff… Estos compañeros noruegos tienen una historia larga y prolífica, que comienza en las gélidas tierras del norte y muy emparentada con el black/folk metal más crudo. Pero no se asuste señora, o mejor, sí, asústese, tenga pánico, porque si bien Ulver dejó el metal para tomar otros rumbos ya imaginados por los oyentes más atentos, no se dedicaron a crear canciones que hagan loas a la diversión fiestera. Nada más alejado de la realidad, ya en el “Themes from William Blake's The Marriage of Heaven and Hell” de 1998, pegaron el cambio de rumbo, con un disco con elementos electrónicos muy diferentes a los alaridos desaforados del black metal de antaño. El disco en cuestión era ásperamente rockero en su concepción electrónica, intrincado en su génesis William Blakeniana, que confundió a muchos metaleros y conquistó a quienes supieron dejar de ver a Ulver como una banda de black metal. Con ese legado, llega “Perdition City” en el año 2000. La bajada del título reza “music to an interior film”. Y creo que lograron plasmar ese subtítulo en la obra que engalana este post. La música desplegada en este disco está llena de texturas y de atmósferas especiales para disfrutar en la quietud de la noche, auriculares y luces apagadas. Si nos dejamos llevar por cómo se titulan los tracks en cuestión veremos que no es aleatoria la mención a la introspección: “lost in momments”, “tomorrow never knows”, “we are the dead”, etc. Es un disco para apreciar el instante, con muchos instrumentales, voces susurradas que en contadas ocasiones se vuelven vociferantes. Ante la pregunta: ¿es un disco tranquilo?, respondería: si pensás que este es un disco tranquilo, estás mal de la cabeza. Es un disco experimental, para “descubrir”, como para ir con cuidado si no te va el estilo. Es un trip de una lisergia reposada, como Portishead yéndose de putas en plena madrugada y en pésimo humor existencial, como si un Tricky loco y barítono se hubiera dedicado a pensar en cosas oscuras. Pero es un disco que crea un sinfín de imágenes (para más datos pasen por el video de muestra) y genera unas atmósferas muy recomendables. Es un disco que puede resultar tenebroso en almas sensibles, si lo tuyo es el shoegaze, no entres, para los demás puede resultar un camino agreste, sobrecogedor y un largo etc. En resumen, con este disco no vas a ir tarareando por la calle las canciones en tu celular, definitivamente no. Es ambient, pero de una película de terror de autor, es electrónica pero no bailable, a no ser que estés en algún círculo con Dante, es avant-garde porque sí y es simplemente música porque así lo podemos interpretar. No sé si será de su agrado, por las dudas incluí el video que viene como “bonus”, por si tienen ganas de un poco más. Como sea, bienvenidos a una banda de sonido turbadora, bienvenidos a la noche, bienvenidos a este bloguito, bienvenidos al 2015!!!... No hay salida, la noche es magia encantadora de pianos, guitarras y vientos delicadamente tocados, creadores de miles de imágenes, claro, si se animan, sean uds bievenidos, a Ulver… y su Perdition city… y claro... hay dinosaurios entre nosotros y todavía... están allí...

Tracks:

01. Lost in Moments - 07:16
02. Porn Piece or the Scars of Cold Kisses - 07:08
03. Hallways of Always (instrumental) - 06:35
04. Tomorrow Never Knows (instrumental) - 07:59
05. The Future Sound of Music (instrumental) - 06:39
06. We Are the Dead - 03:41
07. Dead City Centres - 07:10
08. Catalept (instrumental) - 02:15
09. Nowhere/Catastrophe - 04:48
10. The Ghoultimate Duo (bonus track)
Extra track: video Limbo Central

Compresión: CBR 320 Kbps
Tamaño: 177 MB
Pass: somospacifistas
oscurité alive: Ulver - Hallways of Always (live at The Norwegian National Opera)

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22 de enero de 2015

Herbie Hancock - Head Hunters (1973)


Nothing like a little disaster for sorting things out. Ayer o antes de ayer, imposible precisar con exactitud en el vórtice temporal que representan las vacaciones de verano, en una película graficaban el paso del tiempo con la aparición de rascacielos. Uno solitario primero, otro a su lado, edificios creciendo continuamente y en serie. Como en la escena de "The Shawshank redemption" en que Brook talla en la madera su pasaje por esta vida, los edificios son la nota que el tiempo va dejando en la tierra para las generaciones venideras. Y entonces pensaba en lo que sentiría si los viera no sé, un romano de los tiempos del Imperio, algún Griego, un meriodental de la mesopotamia de ellos. ¿Entendería en su lógica monumental lo que está frente a sus ojos?. No pensemos ya en autos, en armas ni en comunicaciones que seguramente serían incomprensibles desde el vamos; porque a fin de cuentas los elementos que nos hermanan con ellos terminan siendo las más básicas: la comida, la religión, la escritura y un techo, enumerando rápidamente. Imaginemos a ese pobre otario ahí sentado viendo esos bodoques de hormigón repletos de ventanas, más cuadrados, más redondos, más altos, más bajos, tapando el sol por metros y metros. Quizás entendería si se lo explicásemos, quizás los adoraría sin entender demasiado el sortilegio o a lo mejor, y ojalá así sea, vea en esa obra la suya propia. Traspolado a la música, algún africano tobillo de grillete quizás encontraría en la música contemporánea las huellas que trazó con sus propias manos, los sonidos que soñó en alguna oscura barca transoceánica. De ello hablamos hoy; de Herbie Hancock que se cansó de mirar para arriba y decidió volver a la tierra, sentir el latido de sus ancestros y grabar un disco a partir del legado de muchos otros.
Algo sabemos de Herbie Hancock; por ejemplo que es negro. También que el muchacho desde pequeño se reveló como un prodigio en el arte de tocar el piano. Y si vos sos negro, vivís en Chicago y sos muy bueno para hacer música, seguramente algún escucha con influencias discográficas te quiera en su troupe. Y así le pasó a Herbie que partió a toda marcha (recuerden, siempre puede haber peores) al encuentro del músico y  cazatalentos Donald Byrd para tocar con él y posteriormente formar parte del staff de Blue Note, donde grabó su primer disco. Miren si sería bueno, que el siguiente paso fue tocar con Miles Davis, algo así como el Hombre Radiactivo y el Niño Fusión. Ya sé que es Fisión, pero me arruina el chiste, dejen vivir. Con Davis se alimentaron mutuamente hasta que Hancock se fue a continuar sus propias búsquedas que lo llevaron a la avant garde, al sonido espacial, a la búsqueda de atmósferas en lo etéreo de las alturas. Tanto mirar al cielo que le debe haber empezado a doler el cuello y ya empezados los 70s, decidió que era tiempo de bajar y divertirse un poco. El sonido funk de Sly Stone, Curtis Mayfield y el impulso fusionador que Miles y él habían empezado años atrás explotaron en la cabeza de Herbie Hancock y decidió reducir su sexteto, formar los Head Hunters con Bill Summers (percusión), Bennie Maupin (Saxofón), Paul Jackson (bajo) y Harvey Mason (batería). Google mediante, sabemos que todos ellos tocaron con toda la gente conocida del mundillo del jazz y alrededores. La idea era que no había demasiada idea, apenas una búsqueda de liviandad respecto a los trabajos anteriores, un sonido con más groove, un destello de africanidad y poco más. En esta vaguedad se meten en el estudio y graban "Head Hunters".
Estamos en 1973, Perón todavía gobierna en Argentina y en un estudio de Columbia Records se cuecen habas. Porque al decir de la historia las cuatro canciones que componen este disco son las que vinieron a abrir una nueva propiedad del jazz, la de acoplarse al funk. "Chameleon" es quizás la prueba más acabada de ello; una pieza que sobrepasa el cuarto de hora en donde a pesar de los múltiples caminos sonoros que recorre, la primera línea de bajo nos va a quedar retumbando en la cabeza por un tiempo. Con la aparición de cada instrumento perfectamente sincronizada la canción funkea, se pierde en ello y retorna a su forma original para volver a mutar con una suavidad y una naturalidad de-li-cio-sas. "Watermelon Man" justifica la desaparición de la guitarra, ausente en todo el disco, y la aparición del clavinet (un teclado como si fueran cuerdas, ponele) para complementarse con los vientos. Además de ser la unión con lo de antes, fue el legado de este disco con el futuro, ya que el Hip Hop tomó está canción para si mismo. Si leyeron hasta acá, sabrán que "Sly" es el tributo al muso máximo de este disco y es la más compleja de las composiciones entre las cuatro; combinando velocidades y haciendo brillar al muchacho de la percusión con la incorporación de elementos africanos, todo muy chulo, blaxplotation y sala de ensayo. El cierre es curioso, porque "Vein Melter" es una canción mucho más pacífica que el resto, un slow jazz en donde el sintetizador y el teclado nos van despidiendo lentamente de esta maravilla musical, de este momento en el cual un tipo decidió tomar sus bártulos y juntarlos con los de otros para crear un nuevo sonido que después de todos estos años ve como se construyen novedades sostenidas en sus cimientos.

Tracks:

01. Chameleon – 15:41
02. Watermelon Man – 6:29
03. Sly – 10:15
04. Vein Melter – 9:09

Compresión: CBR 320 Kbps
Tamaño: 109 MB
Pass: somospacifistas
Negritud:  Recital Completo

Opción 1

Opción 2

31 de diciembre de 2014

VA - A John Waters Christmas (2004)


Fatty, fatty, two-by-four. Can't get through the dressing room door?. Si son perspicaces, cuestión sobre la que no hay duda, notarán que se nos pasó la Navidad y medio que la instrascendeteó un poco. Claro que yo no sé que celebramos; cada año el mismo ritual para festejar el natalicio de un muchacho que se inventó un calendario para inventarse un cumpleaños. Pero no es eso lo más preocupante, sino como le dimos la llave de nuestras casas a ese señor gordo y extorsivo que es Papá Noel. Primera cosa, para que el gordito nos traiga un regalo nos tenemos que portar bien ¿A quién le ganaste? ¿con qué vara se mide eso? Seamos buenos entre nosotros, acá ninguno pasa el corte. Porque resulta que Santa es una especie de Gran Hermano que todo lo ve. Cuando meás la tabla en casa ajena y te hacés el gil, cuando sucumbís al pecado de Onán, cuando arrebatás los elementos más ricos de una picada, cuando te hacés el otro con un ciego a punto de cruzar. Pero no solo eso, el quía también accede a tus pensamientos y el hecho de no cristalizar lo más horrible que fluye por nuestras mentes no es atenuante: aquella barbaridad sobre aquella chica, el deseo de desgracia sobre otro ser, los siete pecados transitando por las autovías de nuestra conciencia. Todo, él ve todo y el Gobierno no hace nada. Pese a esto, la seguimos, continuamos celebrando como otarios y deseando que el año que viene no sé qué y usando la palabra prosperidad por única vez en 365 días. Aún cuando uno se aleje al refugio del escepticismo, la Navidad está en todos lados. Por eso acá no vamos a ser menos y continuar con nuestra tradición anual de regalar un disco navideño, esta vez desde los márgenes del buen gusto.
John Waters es un señor abigarriado nacido en Baltimore. Por alguna razón, menos conocido de lo que merecería. Quiero decir, yo lo conocí desde chico gracias a la película "Serial Mom" y creí que al resto del mundo le pasaba lo mismo, sin embargo una y otra vez me encontraba con que no, manga de ignaros. Ahí vino el dicho de la mosca: Si miles de moscas comen mierda, no pueden estar equivocadas. Así que en un ejercicio de tolerancia y autosuperación comprendí que no era tan conocido, sino que entraba en la categoría "de culto" y que "Serial Mom" era quizás su película menos característica. A John le sale bien lo marginal; gente comiendo caca, actrices baleando al público, desquiciadas películas dentro de desquiciadas películas, trasvestismo, sexo, excesos de todo tipo; una multiplicidad de cosas que rozan lo incomprensible pero que por el genio del director no dejan de ser atractivas, geniales, magnéticas. Entre todas estas cosas que uno podría declarar como bizarras mezcladas con Kitsch, Waters se hace un tiempo para divertirse con la Navidad y es tan así que tiene un espectáculo unipersonal en torno a esta festividad con el que gira cada año. También, en 2004, decidió compilar los temas navideños que más le gustaban y los editó en un compact disc con aires a cdtrucho de la salada (Feria de compras argentina con cierta tendencia a tener ropa de imitación y extraños compilados musicales adornados con tapas que parecen dibujadas por niños [si, la explicación de la boludez es peor que la boludez misma]).
No hay mucho que se pueda mencionar en un disco de estas características ya que la temática está declarada, el estilo en general también, pero afortunadamente este material tiene, al igual que el de los chicos de la playa, cuatro o cinco perlitas que lo destacan. Una es la canción de inicio "Fat Daddy" que es más un jingle sobre el artista mismo que una canción navideña per se. Un DJ radial negro de los 40s llamado Fat Daddy que afirma que todos lo quieren, una y otra vez, porque todos saben que Fat Daddy es Santa Claus. Eso, por todo verso mientras atrás suenan esos arreglos tan de navincicos. "Rudolph The Red-Nosed Reindeer" es un chiste cantado por Tiny Tim que no termina de explicar el verdadero origen de esa nariz roja y me permito el salto a la que más me gusta personalmente que es "Here Come Fatty Claus" una canción antinavideña por excelencia donde no hay ningún reparo en avisar del dolor de billeteras que depara esta fiesta con el gordo de mierda (lo dicen ellos); mucho mejor aún que la banda se llama Rudolph & The Gang. Baladita triste para la chica que se llamaba Mary y se apellidaba Christmas, una canción más salida del disco de Spector como "I Wish You A Merry Christmas", folk para la siguiente y Alvin y las Ardillas, esa cosa que nació como un chiste y quedó. El cierre del disco no puede ser mejor, porque "First Snowfall" es un instrumental re chill que levanta el nivel y porque "Santa Claus Is A Black Man" es una canción protestona, irreverente, afectuosa y cuya historia incluye que aparece en este disco sin permiso del autor que se enculó cuando se enteró porque John Waters no era tan popular como para merecer los derechos. No va a haber regalo para ese avaro. Y así se nos pasó la Navidad y se nos va el año. desde esta Colina sonora no queda más que saludarlos y desearles que ojalá nos vaya bien a todos menos a los de Callejeros.

Tracks:

01. Fat Daddy - 2:37
02. Rudolph The Red-Nosed Reindeer - 2:32
03. Christmas Time Is Coming (A Street Carol) - 2:39
04. Happy Birthday Jesus (A Child's Prayer) - 2:19
05. Here Comes Fatty Claus - 2:29
06. Little Mary Christmas - 3:25
07. I Wish You A Merry Christmas - 2:29
08. Santa! Don't Pass Me By - 2:18
09. Sleigh Ride - 2:01
10. Sleigh Bells, Reindeer And Snow - 2:25
11. First Snowfall - 2:31
12. Santa Claus Is A Black Man - 3:30

Compresión: CBR 320 Kbps
Tamaño: 74 MB
Pass: somospacifistas
Papá Gordél (?): "Fat Daddy" (Sample)

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